lunes, 25 de octubre de 2010

Cuando el escritor dirige


El pecado de la lujuria condena a los amantes a morir calcinados. Pero el castigo no es propinado por Dios sino por la hija adolescente de ella, que al ver que su madre traiciona a su padre con otro, prepara una venganza.  El plan, con el que la joven pretende escarmentar, se convierte en tragedia al cobrar las vidas de su madre y del hombre que la acompaña.  Pero este no es el final del romance, al contrario  la tragedia, que para todos aparece como un accidente, crea una profunda herida en las familias de los amantes (los dos eran casados) y como una especie de maldición, enlaza sus destinos para siempre.
Este es el detonante de la historia “Lejos de la tierra quemada” (The burning plain), ópera prima del mexicano Guillermo Arriaga, quien después de once años de ejercer como guionista, se lanza a la dirección. Desde sus inicios, su trabajo como guionista llamó la atención del público y la crítica que encontró en las películas “Amores perros”, “21 gramos” y “Babel”, dirigidas por su compatriota Alejandro González Iñarritu, propuestas narrativas inteligentes.
Durante varios años Arriaga y González  formaron un equipo productivo,  talentoso y bien articulado que funcionó a la perfección.  Arriaga escribía, y reescribía las veces necesarias hasta lograr guiones impecables y González se tomaba su tiempo para rodarlos, enriqueciéndolos con su perspectiva audiovisual y actores bien dirigidos. 
La dinámica arrojó buenos resultados desde el comienzo, y con “Amores perros” los mexicanos fueron alabados, nominados y galardonados en diferentes festivales de cine. El estilo narrativo propuesto por el dúo dio un giro al movimiento cinematográfico latinoamericano y a la vez, les garantizó la entrada a la gran industria. Entonces vinieron “21 gramos” y “Babel” con las que completaron la llamada “Trilogía de la muerte” y que tuvo como actores a  Sean Peen, Naomi Watts, Brad Pitt y  Cate Blanch.

Los artificios de construcción narrativa  empezaron  a ser reconocibles en sus historias que narraban las vidas de personajes que se unen de manera indirecta por detonantes comunes que los transforman para siempre.   Ese fue el estilo que construyeron juntos, cuando eran unidos y que se convirtió en la manzana de la discordia en el 2006, al finalizar “Babel”.
La pelea comenzó cuando Guillermo Arriaga aseguró que el éxito de las películas de González estaba en la complejidad narrativa de las historias que eran solo de su autoría.  Palabras más, palabras menos, dijo que sin él “Amores perros”, “21 gramos” y “Babel” no hubieran tenido el alcance que tuvieron.  El director Alejandro González también dijo lo suyo, y la amistad, la complicidad y todo lo demás terminó entre los dos.  Cada uno emprendió proyectos diferentes acompañados por nuevos amigos y equipos de producción. 
Sin embargo, deshacerse de la influencia del otro con el que se ha compartido tanto no es fácil, menos cuando se existe una voz colectiva representada en tres películas. Pero después de la pelea,  la suerte estaba echada y Guillermo Arriaga pensó que si era capaz de crear en buenas historias en papel, dirigir sería lo de menos.
Así se aventuró a hacer “Lejos de la tierra quemada”, una película contada en cuatro momentos históricos distintos pero narrados en momentos simultáneos. Al igual que en sus guiones anteriores, Arriaga rescata su compleja construcción de estructuras pero esta vez también jugó con el tiempo.  La historia que tiene como detonante la muerte, se convierte en una especie de Romeo y Julieta que se mezcla con el futuro lleno de olvido y el pasado cargado de amor tormentoso.  En lugar de la muerte, Arriaga utiliza la autoflagelación y la promiscuidad como una forma de manera de sobrevivir al olvido.  Y las cicatrices que marcan la piel de sus protagonistas solo les recuerda sus guerras, sus triunfos y sus derrotas del pasado. 
Respaldado por su oficio de escritor, que también lo ha llevado incursionar en la literatura, Arriaga se fija un tema en su cabeza y conforme a él construye con rigurosidad a sus personajes que deja encara con conflictos certeros para que defiendan y reaccionen.  En “Lejos de la tierra quemada” encontramos a dos personajes, interpretadas por Kim Bassinger y Charlize Theron, que son arrastradas y consumidas por relaciones tormentosas. Para ellas, el amor no es un alivio sino una condena que tienen que pagar para hallar el sentido de sus vidas. 
Esta lucha le es familiar a Arriaga, pues durante la producción de esta película  tuvo que enfrentarse con el fantasma y con la presencia omnipresente de su antiguo amigo y director. Pese a la minuciosidad y el empeño de Arriaga, “Lejos de la tierra quemada” parece ser otra de las películas de González-Iñarritu.  Entonces cabe preguntarse, ¿Los buenos guionistas pueden orquestar todo desde el papel para lograr películas maravillosas? Porque si es así, el argumento planteado por Arriaga cuando reclamó la autoría de las películas de González, sería legítimo.
Pero cuál es el papel de los directores frente a un guión. ¿Cómo imprimirle un sello de autoría sin pasarse por encima la estructura planteada por el escritor?
¿Acaso los directores solo son unos instrumentistas de la partitura ajena? El debate queda abierto y desde esa óptica no debería extrañarnos que “Lejos de la tierra quemada”, se parezca un poco a “21 gramos” y a “Babel”, porque de alguna manera, fueron hechas por él.
Pero aunque así fuera, hay que decirlo, la película es buena pero es un poco más de lo mismo.  La historia se plantea con una estética en la que los paisajes desérticos de la frontera y los planos estáticos dan el tono que se potencian con  pocos diálogos. 
Un estilo conocido, bastaste manoseado por los directores latinos como respuesta al legado  maligno de la televisión con sus escenas llenas de diálogos, su cámara quieta y el cero montaje. La forma no es propia de los directores instalados en Hollywood, sino que también ha ido perneando a la nueva generación que se encuentra  del río Bravo para abajo. 

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