domingo, 10 de octubre de 2010

NI SE COME, NI SE REZA NI SE AMA

Algunos años atrás, la escritora norteamericana Elizabeth Gilbert se separó de su marido y emprendió un viaje con el que se propuso reencontrase como mujer y autora.  Su ruta de auto-conocimiento fue marcada por tres países cuyos nombres empiezan con la letra I (primera persona en el inglés): Italia, India e Indonesia, en los que la autora pretendía hallar las coordenadas extraviadas de su vida y superar la depresión.  Al cabo de un año de libertad y de cumplir sus propósitos banales, la escritora se concentró y  narró, hasta el más mínimo detalle de su periplo en su libro llamado “Comer, rezar, amar”. El texto escrito en primera persona es informal y anecdótico,  una especie de diario femenino con algunos datos históricos, consejos gastronómicos y unos cuantos guiños de mística y romanticismo. 
La  novela de no ficción, catalogada por algunos críticos como un libro de autoayuda y superación, se convirtió en el preferido de aquellas mujeres que veían en Gilbert, la valentía que a ellas les faltaba.
Muy pronto se convirtió en un best seller y, cuatro años después de su publicación, lleva seis millones de ejemplares vendidos y ha sido traducido a más de 40 lenguas distintas.
Entonces no es de extrañarse que Hollywood haya comprado los derechos del libro para convertirlo en una película. Mucho más con el boom de películas de mujeres que viajan al encuentro del amor, que se ha impuesto en los últimos años, como “Bajo el sol de la Toscana”, “Sex and the city 2” y la reciente “Cartas a Julieta”.
 El grupo de productores, entre los cuales está Brad Pitt, invirtió 60 millones de dólares y contrató una nómina de lujo que incluía a Julia Roberts y a  Javier Bardem, y emprendieron el viaje que los llevó por Estados Unidos,  Italia, India e Indonesia.  
La película fue dirigida por Ryan Murphy, director de televisión de series como Nip & Tuck y Glee, quien también se encargó de adaptar el libro ayudado por otra guionista del medio.  El resultado pudo ser mejor. porque en su afán de abarcar los detalles geográficos y visuales de los tres países, los libretistas se quedaron en la narración superficial de anécdotas y chistes que no alcanzan para clasificarla como comedia romántica.
Este es uno de los riesgos velados de la adaptación: siempre existe el peligro de perder la voz del autor y en la película “Comer, Rezar, Amar” se extravió la posibilidad de escuchar los pocos pero brillantes momentos de reflexión femeninos que Gilbert consigue en su libro,  así como su percepción de los países y de las dinámicas culturales de sus habitantes.
Durante dos horas veinte minutos, la protagonista, sin hacer mayores reflexiones y sin ningún objetivo claro, va de un país a otro guiada por su espíritu inquieto que no termina de hallarse. De la misma manera encontramos escenas y acciones que, si bien están sustentadas en el libro, parecen sacadas de la manga y no agregan ninguna información relevante a la película.
Entonces después de un año de viaje, no presenciamos en ella ningún cambio dramático perceptible.  Pero si aceptamos la licencia de que es una historia basada en un libro de no ficción entonces, en teoría, el personaje no necesariamente debería cambiar. 
La diferencia radica en que estamos frente a una película de ficción y en éste género los personajes deberían evolucionar de alguna manera, al menos en su interior. Mucho más en este tipo de película, en cuyo planteamiento nos presentan a una mujer que se declara infeliz con la vida que vive y que anuncia que hará un viaje para encontrarse. La promesa no se cumple del todo y el conflicto se resuelve con tibiezas.   
Tal como está contada, la historia se reduce a ser una guía de viaje que no admite momentos íntimos y esquiva las preguntas existenciales de su autora original. Una película con buena fotografía, poca narrativa cinematográfica, bastante dramaturgia televisiva llena de diálogos y nada de introspección. Además de personajes secundarios en los que no tampoco se ahonda y que  se muestran irrelevantes y gratuitos. 
La química entre Julia Roberts y Javier Bardem es tangible y logran escenas emotivas y armónicas.  En su momento, Roberts dijo haber aceptado el papel guiada por su instinto y no pensando en el éxito o fracaso comercial que ésta película podría llegar a ser. Y al terminar la filmación, la actriz declaró que haber estado en la India, le había cambiado la visión de su vida. 
A pesar de ser una película entretenida y de haber sido anunciada como una maravilla, en “Comer, Rezar, Amar” no se come nada raro, no se reza tanto y el romance tampoco se convierte en amor.  Esta ambigüedad condenó la cinta y dejó insatisfechos a los lectores y productores que esperaban mucho más: los primeros más historia, los segundos más taquilla.  Una vez más queda demostrado que una pareja no garantiza el éxito y que menos es mejor.  

4 comentarios:

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  2. Para mi la película fue una gran decepción. Amante total del libro, no pude encontrar la profundidad y a la vez superficialidad de Gilbert, ni la reflexión, ni mucho menos la transformación que es finalmente la gran magia de la historia. Velas negras, muchas velas negras.

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  3. hola!!!!!
    a mi lo que me parece es que a todas las chicas que no les gusto esta peli
    es porque les falta algo en el corazon...de pronto amor......
    la peli es fantastica,julia sale padrisima, la comida luce fenomenal y es normal que a los mamertos no les impacte........que falta de amor y de corazon..por eso son como son.....NERDS!!!!!

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