miércoles, 6 de abril de 2011

Matrimonio por contrato


Cuando se construye la vida basándose solo en la aceptación y el reconocimiento, es fácil equivocarse.  En el afán de llenar el vacío emocional (espiritual), los individuos adoptan estilos de vida convencionales y comprobados que les prometen el éxito a cambio de su esencia.  Este modo de vida, común en las sociedades del consumo rápido, los mantiene ocupados con las virtudes de los últimos productos del mercado que, por supuesto,  son indispensables para seguir siendo aceptados y reconocidos. Así el círculo se repite una y otra vez.
Claro hay lugares donde el consumo es más veloz,  Estados Unidos
por ejemplo, donde se cambia incluso de muebles de acuerdo a la estación y lo viejo se tira a la basura aunque esté en perfecto estado. El dinero no es problema porque para eso siempre está el crédito y el leasing, así que todo lo tienes, todo debes.
La película  “Matrimonio por contrato” se ubica en una pequeña ciudad norteamericana y tiene por protagonista a una pareja que parece haber descubierto el secreto de la felicidad. tienen una vida que parece un comercial de televisión:  Una casa equiparada con lo último del mercado, unos hijos bonitos y por supuesto, viven un eterno romance. Tanta perfección despierta la admiración de quienes le rodean y muy pronto todos se esfuerzan en imitarlos, esperando encontrar  su mismo éxito.
Poco a poco, empezamos a descubrir que todo hace parte de una trampa o más bien de un negocio al que se dedican sus cuatro integrantes, expertos en vender todos los elementos con los que establecen su estilo de vida. Esta familia que en realidad es una célula (o red) tiene por jefe a Demi Moore, que además de interpretar el rol de madre y esposa moderna,  se esfuerza por impulsar a sus compañeros para que se exhiban, sonríen y promocionen su perfección. Todo se vale, con tal de vender lo que usan: Zapatos, labiales, televisores y autos. 
Un negocio es rentable y que beneficia a los integrantes de esta seudofamilia, que no miden las consecuencias de sus actos con tal de sumar más ventas a su red.  Pocos escrúpulos y mucha racionalidad han sido su constante, pero ahora que a llegado un nuevo integrante al equipo las cosas parecen cambiar.  El nuevo, interpretado por David Duchovny (“Los expedientes X” y la serie “Californication”), pronto los supera en sus porcentajes de ventas pero a diferencia de ellos tiene un lado humano que le pesa más que la ambición. 
En la casa de junto, qué ironía, vive un matrimonio corriente conformado por una vendedora de catálogo que se esfuerza por subir su categoría y un esposo poco satisfecho, que quiere complacerla aunque no sabe muy bien porqué.   Ellos, por supuesto son los primeros que sucumben a la tentación de imitar a sus vecinos, pero no son los únicos. Los compañeros del colegio, las señoras del salón de belleza y los amigos del club, todos quieren ser como está familia perfecta de comercial de televisión. Aunque al final, todo termina saliéndose de lo planeado porque la gráfica ascendente de ventas se desploma ante las dinámicas de una vida construida de manera egoísta. Como es de esperarse las mentiras se descubren, la muerte ataca y en medio de la confusión, la familia perfecta se deshace.

“Matrimonio por contrato” nos muestra la debilidad de la mente humana que se deja encandilar por el éxito ajeno y sucumbe con facilidad a los encantos del consumismo. Esto de comprarse una vida ajena como garantía de felicidad, rara vez funciona y aquí el director y guionista Derrick Borte muestra su postura crítica frente a los modelos impuestos por la sociedad. Con un elenco de actores que si bien no son primeras figuras tampoco son del todo desconocidos. 
Este tema que ya ha inspirado películas  como “Belleza americana” (dirigida por Sam Mendes 1999), termina siendo tratado con más ligereza en “Matrimonio por contrato”. A través de los cambios que sus protagonistas experimentan fuera de cuadro y con un desenlace tibio, la película da un giro inesperado en su último tercio para convertirse de repente en una comedia romántica.
 Acá no hay grandes reflexiones ni se aprende de los errores, las decisiones se toman más bien desde la misma óptima egoísta con la que se han comportando sus protagonista. En perfecta congruencia en su sicología eso sí.

Así las cosas “Matrimonio por contrato” es una entretenida producción independiente que pone el dedo en uno de los pecados norteamericanos y que muestra las consecuencias de las adicciones a las compras y al estatus. Además supera las pocas expectativas que el público tenía y deja un agridulce sabor del amor, al que se presenta de alguna manera como un negocio viable. 

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