domingo, 9 de enero de 2011

UN HOMBRE SOLTERO


Disfrutar el cine a sorbitos es un derecho que en los últimos años ha adquirido la categoría de privilegio.  Pocos directores escapan a la influencia alienante de la televisión desbordante de diálogos o las presiones de la industria que todo lo resuelve con efectos ruidosos y persecuciones. Así las películas se transforman en  pistas de carreras donde los protagonistas se mueven de prisa, saltando obstáculos para llegar a su meta antes de que corran los créditos finales.  Todo ocurre en tantos días y escenas que a veces es imposible llevar la cuenta.
Entonces toparse con una película como “Un hombre soltero” (A single man) es algo parecido a comerse un postre hecho con varios ingredientes, texturas y sabores.  Pero en esta película el deleite va más allá de la estética pulcra, de la elegante dirección de arte y de las secuencias cadenciosas. 
Por supuesto, el cine entra por los ojos, y ningún director pretende hacer una película con fotografía fea, pero si existen aquellos cuyos encuadres no trasmiten ni simbolizan nada.  Se limitan a usar  la imagen como un medio para trasmitir un mensaje, olvidando que pueden hacer de ella un planteamiento o una tesis.  Pero también hay otros que exploran las imágenes, conceptualizan los encuadres y construyen con las secuencias su voz narrativa. Esta manera de contar ha sido labrada por algunos en las escuelas de cine, pero también ha sido otorgada a otros por puro instinto y gusto estético. Este es el caso de Tom Ford, quien durante muchos años fue el diseñador estrella de Gucci y que el año pasado debutó como director de cine con “A single man”.
La vida de Ford está llena de giros, creaciones y aciertos.  Empezó  estudiando algunos semestres de historia de arte y arquitectura, pero terminó trabajando como diseñador en Gucci.  Allí donde se dio a conocer en la década de los noventa, cuando libró a la compañía de caer en la quiebra.
Desde ese momento su nombre sonó en las pasarelas y en el medio cinematográfico. Vistió a los famosos en varias ceremonias de premiación y trabajó en el departamentos de arte de algunas películas. Más que por sus diseños y sus gustos refinados, Ford  ha sido reconocido por la manera abierta en que asume y habla de su homosexualidad. Frente al tema, siempre ha sido genuino, abierto y rebelde.
Entonces que se haya dado un paso a la dirección con una película de temática homosexual es predecible.  Esta es una esfera que conoce bien y en la cual se mueve libre para explorar a gusto, con su mirada de diseñador-admirador de la belleza masculina.
Basada en la novela escrita por Christopher Isherwood (1964) y adaptada por el mismo Ford , “A single man” fue traducida con los nombres de “Un hombre solo”, “Un hombre soltero” y “Solo un hombre”, habla de eso:  De soledad y masculinidad.
La película transcurre en un día solo día en la vida de George, un profesor universitario que vive en Los Ángeles a comienzos de los 60 y que está sumido en la soledad de un luto. Y mientras todos a su alrededor comentan su temor por la amenaza silenciosa de los misiles y de Cuba, él se alimenta de recuerdos dulces y planea su propia muerte.
Esta no es una historia de “cine rosa” convencional, en la que se recrean los avatares de los amores incomprendidos y señalados por la sociedad. Más bien es una declaración de libertad y de un amor profundo y bien correspondido que sobrevivió en medio de los convencionalismos sociales de la época.  Pero esos tiempos han quedado atrás porque la realidad de George está guiada solo por el agobio de saberse vivo con el recuerdo y el amor intacto por el ausente. Y mientras padece su agonía, analiza la vida de quienes lo rodean a través de secuencias pausadas que dan tiempo de digerir sus reflexiones. Por un lado sus vecinos, la típica familia estadounidense llena de hijos, la vida de su amiga recién divorciada y que siempre ha estado enamorada de él y la de un alumno que empieza a explorar en la sexualidad igual que lo hace con las drogas. Y la muerte siempre al acecho, unida al amor, al olvido y a la vida.
Con “Un hombre soltero”, Ford superó las expectativas.  Sacó provecho de óptica de diseñador y dirigió una pieza auténtica y elegante que zurció con los actores con Colin Firth y Julianne Moore.
Lástima que debido a su tema, no sea una película fácil de digerir para todo el público. Porque aún hoy, cuarenta años después, las relaciones homosexuales siguen siendo vistas con fastidio y tabú. Pero el amor y el duelo no son temas exclusivos de los heterosexuales y el cine tampoco es terreno solo de los cineastas. Y si no, que le pregunten al diseñador Tom Ford. 

1 comentario:

  1. Plas, plas, plas, plas... Cuando leo una crítica cinematográfica, de partida me preparo a ver si me va a apetecer o no ver la peli de la que me está hablando.
    Al leer tus críticas, ésta y otras, prefiero no verlas porque me decepcionarían. Me encantan, chica. Tu dialéctica absorbe y engancha a la pantalla del ordenador. Empecé mi comentario con un aplauso, como no podía ser de otra forma.
    ¡Ah! Soy amigo de Mónica Ávila y seguidor de su blog, La Travesía. Un placer, muchacha...

    ¡Mi más sincera enhorabuena!

    ResponderEliminar