Casi siempre los divorcios son dolorosos y si están atravesados de incómodas discusiones y reparticiones de bienes, pueden tornarse sanguinarios. En el cine (como en la literatura y la tele) pasa algo bastante parecido. A diferencia del divorcio de los demás mortales, los artistas (pletóricos de egos) se disputan además del dinero, los derechos morales y las genialidades de obras exitosas. Todos somos padres del triunfo, nadie pelea por algo que ha sido un fracaso.
Algo así sucedió con el renombrado dueto mexicano compuesto por el director Alejandro González Iñarritu y el guionista Guillermo Arriaga, quienes después de haber trabajado juntos en “Amores perros” (2000), “21 gramos” (2003) y “Babel” (2006), se trenzaron en una complicada discusión que terminó con la amistad de tantos años.
Después del ruido de la separación y de que cada uno reclamara la genialidad de sus películas, Arriaga quiso demostrar que él era el verdadero artífice de los trucos narrativos de los largometrajes y se lanzó como director con “Lejos de la tierra quemada” (2010) (reseñada en Gaceta octubre 24). La similitud de esta producción con sus antecesoras era tan evidente que incluso parecía percibirse la presencia tácita de González Iñarritu. Y es que Arriaga, como director mostró un estilo ya probado y efectivo. Hasta allí, nada nuevo. Entonces la expectativa de ver que haría González Iñarritu sin Arriaga creció.
Él se tomó su tiempo y mientras le aclaraba al medio que él también había estado tras los guiones de “Amores perros”, “21 gramos” y “Babel”, trabajo como productor en los largometrajes de sus cuates (“Madre e hija” de Rodrigo Garcia, “Rudo y cursi” de Carlos Cuarón) y maduró un proyecto. Después se hizo a un par de guionistas argentinos para que lo acompañaran en su nuevo proyecto: “Biutiful”.
No era nada fácil enfrentarse al fantasma de un escritor con él que se trabajó tanto tiempo. Intentar, no digamos superarlo, pero si darle un tono reconocible al estilo propio o, tal vez, encontrar uno nuevo después de haber tenido el mismo en tres producciones. Y es que con “Amores perros”, “21 gramos” y “Babel” nos acostumbramos a observar historias separadas que confluían por hechos fortuitos del destino. A través de personajes contenidos y con secuencias adobadas con buenas piezas musicales, el estilo de los mexicanos empezó a ser reconocido en la industria.
Después del divorcio (y de la separación de bienes), el guionista Arriaga se llevo todo esto y lo utilizó en “Lejos de la tierra quemada”. Como director no quiso tomar retos y se fue por la fija, sin salirse de su área de confort. El resultado, una buena película, eso sí más de lo mismo.
Algo diferente ocurrió con el director González que se arriesgó a contar su película de una forma distinta. Nada novedoso, una narración lineal que transcurre en Barcelona y que está impregnada de muerte, desesperanza y tristeza.
La película que estuvo nominada en Cannes, los premios Globo y los Oscares en las categorías de mejor película extranjera y mejor actor, tiene como protagonista a Uxbal (Javier Bardem), un padre de familia al que la muerte lo ronda y acosa. No solo por estar desahuciado, sino porque se mueve en el negocio turbio de los inmigrantes condenados a estar sepultados en vida y además, como si fuera poco, también puede hablar con los muertos.
Sí, no hay duda, la muerte lo persigue materializada en mariposas negras en el techo, sangre en el retrete y cadáveres que flotan en el agua. Imágenes fuertes que impresionan y se fijan en la memoria de los espectadores pero que no son suficiente.
González Iñarritu parece haber sido rebasado por la complejidad de un tema que intentó mostrar desde diferentes matices, pero el resultado fue un guión carente de ritmo e incluso de estructura. Esto nunca le pasó con Arriaga, experto en jugar con tiempos narrativos pero también conocedor de las leyes básicas de la dramaturgia.
En “Biutiful” hay mucho drama, eso sí desarticulado y salpicado a lo largo de dos horas y veinte minutos. Las secuencias tienen su fortaleza individual pero no incrementan la tensión en función de una escena más alta que las demás.
También con la música, que estuvo a cargo de Gustavo Santaolalla, González hizo algo distinto a lo anterior y la utilizó de manera mesurada.
Tal vez la mayor fortaleza de la película recae en Bardem quien ganó en Cannes por su interpretación y que mantiene el dramatismo de la historia de principio a fin. A pesar de esto y de haber estado nominada en varios festivales, “Biutiful” no es la película más afortunada de González Iñarritu. Ojalá se reconcilie con Arriaga.
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