El éxito, entendido como la buena recepción del público y de los críticos, de una película está determinado por muchos factores. El peso de la historia, los aciertos de la dirección (y aquí podríamos mencionar la fotografía, el arte, la dirección de escena), el montaje, o bien puede ser el elenco. En algunos casos se produce una sumatoria de varios, en otras basta con uno solo y, claro, también puede pasar que haya éxitos inesperados. Incluso hay quienes califican la calidad de una película por las risas que produzca sin importar que sea corriente, reforzada y ordinaria.
Resultado de una maniobra orquestada o mero golpe de suerte, lo que le importa a los hacedores de la industria cinematográfica a la hora de hacer una película, es anotarse un gol (Entiéndase conquistar la taquilla, recuperar el dinero invertido y salvar su pellejo).
Que no nos engañen. Nadie hace un largometraje para darse gusto a sí mismo o para divertir a su grupo de amigos más cercano. Obvio, nunca faltan aquellos directores que dicen que sí y, en su legítima defensa, dan vuelta a los malos resultados, asegurando que el público no está preparado para ellos. ¿Le suena familiar? Si es así, no lo dude: Ese director miente porque, en el fondo, sabe que pudo haber hecho las cosas mejor. Pero tampoco lo juzgue, créame que él ya tiene bastante con su pena y con el karma de no conseguir dinero para su siguiente producción.
Que no se malinterprete mi opinión, no estoy diciendo que el oficio de un director sea cosa sencilla. Al contrario, llevar una película a buen puerto requiere de un capitán que tenga disciplina, humildad, cordura y una tenacidad de largo (muy largo) aliento. Y claro, una buena historia, un director de fotografía inteligente, un sonidista perfeccionista, unos actores comprometidos y otros tantos factores que terminan siendo el apoyo del director.
“Los chicos están bien” tiene un poco de esto y de aquello. Dos grandes actrices (Julianne Moore y Annette Bening) dirigidas de manera extraordinaria por Lisa Cholodenko , interpretando a un matrimonio de lesbianas que enfrentan una crisis.
El cisma es producido por la aparición del donante de esperma (Mark Ruffalo) de sus dos hijos (cada una tuvo uno, varios años atrás) que amenaza con romper la armonía familiar. Mientras esto sucede los hijos de los tres enfrentan la crisis (tratadas con algo de ligereza) de la adolescencia y sobreviven al drama que no parece pernearlos del todo.
“Los Chicos están bien” es una comedia que nos muestra un rollo más bien romántico y previsible, que aunque podría haber sido tratado con un poco más de profundidad, divierte. La aparición de este hombre como tercero en discordia genera un conflicto producto de una atracción sexual.
Un problema grande, sustentado con escenas calientes pero que no genera un drama mayor. Mientras tanto los hijos permanecen en medio, ajenos al conflicto mientras viven situaciones atravesadas por lugares comunes e interlocutores estereotipos. Como que la hija sea la mejor estudiante, mientras su hermano es un gran deportista y sus amigos son un chico calavera y una niña ofrecida que ve sexo por todo lado.
Sin embargo esto no parece molestar, después de todo el conflicto se centra en una pareja (Moore y Ruffalo) que se enredan en una pasión desenfrenada que resulta fortuita y carente de esfuerzo.
Pero antes de que explota la bomba realmente, La película termina cuando el donante-padre se aleja, sin protestar, lo que genera cierto desconcierto porque, a pesar en terrenos de la comedia, nos hace falta que los personajes encaren el problema a profundidad. Aunque por ahí intentan asomarse las pasiones (no me refiero solo a la sexual) y la ansiedad producto de la soledad y la insatisfacción, no hay una consecuencia real.
Entonces el guión (Nominado a los Oscares) no sorprende más de lo debido y sus personajes se mantienen siempre en la racionalidad impuesta por unos escritores que se esforzaron por hacer una historia de seres demasiado inteligentes. En pocas palabras, los eventos ocurren cuando deben ocurrir y de la manera en que le conviene a la historia y no obedeciendo a la naturaleza orgánica de sus personajes. Entonces las mujeres resuelven su crisis de una manera un tanto ingenua y sin entrar en diálogos profundos, se le pone punto final al conflicto generado por este hombre.
Resolución medio ingenua y poco coherente con la psique femenina puesto que las mujeres podemos ir y venir sobre el mismo punto una y otra vez. Mucho más si se trata de una infidelidad. Los reclamos puede volver una y otra vez, una y otra vez…
Con todo “Los chicos están bien” tiene una dirección acertada y una puesta en escena divertida, construidas con situaciones que rayan en el desparpajo. Pero, ¿de qué otra manera podría ser? Después de todo es una película con una trama atípica…
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